Chito Morales

Archibaldo Morales Villanueva nació el 15 de octubre de 1930 en la ciudad de Rancagua, por entonces parte de la provincia de Colchagua, hijo único del matrimonio integrado por Osvaldo Morales Maturana y Teresa Villanueva. Cursó sus estudios iniciales en el Instituto Regional Federico Errázuriz de Santa Cruz, sin completarlos. Desde muy joven inició su militancia en el Partido Comunista, cuyos ideales abrazó con fuerza. A poco de comenzar sus funciones la Radio Manuel Rodríguez, en 1947, Archibaldo se integró a las labores periodísticas de la emisora, convirtiéndose en su voz ancla y formando parte de sus numerosas campañas sociales. Muchos coinciden en denominarlo el “Don Francisco” popular de San Fernando. “Como persona muy solidaria, franco, directo, le gustaba lo que hacía, bueno para la talla”, dice Eugenio Jaramillo.

Morales fue corresponsal en Colchagua de Radio Portales y de los diarios santiaguinos Clarín y El Siglo. Además se desempeñó en La Región de San Fernando como jefe de informaciones. Por otra parte, también fue partícipe en numerosos grupos culturales de la ciudad, destacándose por su carácter extrovertido. La Municipalidad sanfernandina lo integró en una misión cultural y artística que en 1953 recorrió América y Europa. En 1954 contrajo matrimonio con Zaira Ruth Piñats Quiroga. Tuvo seis hijos, tres con su esposa. Sus relaciones extramaritales le valieron la expulsión del Partido Comunista. “El partido en esos momentos estaba muy estructurado, y muy a la antigua, […] entonces esa acción de mi padre al Partido le pareció inmoral y mi padre fue expulsado, pero siguió siendo comunista hasta la última hora de su vida”, dice su hija Ruth Morales.

26 de agosto de 1956, primer número

Con la experiencia de haber laborado por cuatro años en La Región, Archibaldo Morales se aventura con su propia publicación el 26 de agosto de 1956, denominándola El Guerrillero en honor al patriota Manuel Rodríguez, cuyo nombre lleva una de las principales arterias de San Fernando, además de una plazuela y, hasta entonces, de la única radioemisora de la ciudad. Chito utilizó las siguientes palabras para presentar el naciente medio de comunicación:

“Aparecemos hoy en la provincia de Colchagua bajo el nombre de El Guerrillero, como una exaltación más al patriota insigne que construyó para nuestra ciudad tan magnífica tradición histórica. Al calor de su nombre saltamos a la arena para expresar con valentía y decisión los grandes problemas que nos aquejan, al mismo tiempo que manifestar aquellas soluciones, extraídas del mismo pueblo como sus más legítimos derechos.

Desde ya nos declaramos independientes política y religiosamente, pero seremos en forma exclusiva dependientes del pueblo, de sus necesidades, de sus problemas, de sus anhelos y de sus esperanzas. En esto seremos intransigentes y no existirá oferta de ninguna especie que nos haga callar, por cuanto hemos nacido a la opinión pública como una necesidad de esta ciudad que aspira a su progreso, contra el aplastante designio de quererle hacer desaparecer.

El Guerrillero no llevará seudónimos. Cada uno de los que trabajamos en sus páginas firmamos con nuestros nombres y apellidos, y de tal manera garantizar una lucha limpia y honrada en cualquier conflicto polémico, manteniendo el rostro y el corazón desnudos para defender lo que creemos el deber primordial del periodista: los derechos inalienables del pueblo.

Esperamos que San Fernando y la provincia de Colchagua tengan en El Guerrillero un bastión más desde donde el espíritu de Manuel Rodríguez inspire el fortalecimiento de los hombres de esta tierra, para lograr su felicidad y prosperidad”.

La nueva revista informativa para San Fernando y la provincia de Colchagua fue editada en los talleres gráficos del interdiario La Región, ubicados en calle Valdivia 753. Cada ejemplar de El Guerrillero fue comercializado a cincuenta pesos, y sus primeras ediciones constaron de 24 páginas. En la publicación inicial, el director de El Guerrillero plantea que la publicación de la revista dependerá “de la acogida que nos dispense el público y nuestros favorecedores […]. Si encontramos eco favorable se aumentará el número de ediciones en el año”. Participaron en el periódico César Ojeda, quien escribió con el seudónimo Nilcunlauta; Carlos Rojas Rojas, entonces alumno del Instituto Marista, con notas culturales; artículos de asuntos científicos por Diego Márquez; el historiador Heriberto Soto; el “Negro” Jiménez, con su sección “Sea pobre… pero caballero”; Guillermo Hodar Muñoz; y Miguel Arancibia Rojas con crónicas sobre Manuel Rodríguez. Tuvo, además, numerosos corresponsales en la zona y el resto del país. Para Juan Gabriel Araya, la aparición de El Guerrillero significó “una nueva expresión periodística, distinta a la tradicional. Por primera vez se privilegió en páginas impresas el pensamiento de los hombres de avanzada política, social y cultural de la provincia y se dio a conocer las expresiones políticas de la izquierda”.

La periodicidad de este periódico fue irregular en sus inicios. La segunda edición apareció el 30 de septiembre de 1956, más de un mes después de su nacimiento; la siguiente circuló en octubre, mientras que la cuarta, quinta y sexta no tienen fecha. Desde la edición número 11, aparecida el lunes 25 de noviembre de 1957, se publica como semanario, el valor del periódico bajó a quince pesos, y pasó de tener 24 páginas a sólo ocho, publicándose en esta modalidad hasta el 10 de marzo de 1958, fecha en que El Guerrillero cesa sus funciones con la edición número 26.

25 de julio de 1960

A mediados de julio de 1960, el periódico volvió a la vida en una segunda etapa. La Ley Maldita –que había obligado a Chito a abstenerse de hablar desde su posición izquierdista– ya era cosa del pasado, por lo que ahora Archibaldo pudo expresar libremente sus visiones políticas y sociales: esto queda de manifiesto, por ejemplo, en la segunda edición, que incluye un suplemento de homenaje a Cuba, y en varios números donde ‘Chito’ hace apología a la revolución del país caribeño. Es en esta etapa cuando se asume definitivamente como “un periódico de izquierda”. El Guerrillero fue impreso en los talleres de la librería e imprenta Minerva, ubicada en la Avenida Manuel Rodríguez 744, fundada en 1908. En esta etapa contó con varios de sus anteriores colaboradores, sumándose —entre otros— Patricia Castro, Manuel López Osorio, el poeta Julio Cámpos Ávila, y el abogado y gestor cultural Juan Danús Roselló, quien sería parte de las iniciativas del periódico. Tal como en su primera etapa, se organizaron conferencias y actividades culturales. El 7 de noviembre de 1961, en que apareció el número 62, El Guerrillero suspendió su publicación. Años después, por 1968, circuló una tercera etapa del periódico. No se tiene certeza sobre el período específico en que se editó porque la Biblioteca Nacional no conserva ejemplares.

Tras visitar Cuba, y ante el triunfo de Salvador Allende, Archibaldo Morales revive El Guerrillero, esta vez como órgano de la Unidad Popular. Ya no se trataba sólo de dar a conocer sus vivencias, se trataba de defender el Gobierno Popular y dar a conocer lo que, a sus ojos, eran injusticias y abusos de los “contra-revolucionarios”. “No nos quedemos de brazos cruzados. Respaldemos al Gobierno Popular y estemos listos para salirle al paso a los aventureros”. No se conoce la fecha específica en que circuló por primera vez, ya que la colección de la Biblioteca Nacional se inicia con la edición número 95, aparecida el 8 de marzo de 1972. Sin embargo, se estima que El Guerrillero retomó su publicación a mediados de 1971. Inicialmente publicado dos veces por semana, los miércoles y sábado, cada ejemplar era vendido a un escudo. Posteriormente amplió su publicación a tres días, los días martes, jueves y sábado, y se comercializó a tres escudos. Bajo el soporte económico del comerciante Rolando Huerta, El Guerrillero comenzó así su etapa más prolífica con el lema “El poder del pueblo… ese sí es poder”, frase acuñada por el revolucionario cubano Fidel Castro.

22 de febrero de 1973

El Guerrillero no sólo se caracterizó por su enconado apoyo al Gobierno de Allende, sino que por su particular uso del lenguaje. Si bien en sus etapas anteriores utilizaba jerga informal, cercano a su público objetivo, ahora palabras coloquiales, a veces groseras, también hicieron parte de sus columnas. En ese sentido, es posible advertir que simuló el estilo de dos periódicos de circulación nacional con clara tendencia izquierdista. “El Guerrillero se asemejaba al diario Clarín con su estilo confrontacional, también al diario Puro Chile, que era casi a garabato limpio”, reflexiona Eugenio Jaramillo. “El Guerrillero hacía un periodismo de trinchera”, dice Sergio Morales. El periodismo punzante de El Guerrillero generó inmediatas reacciones: cartas en su contra, y una querella emprendida en contra del Chito por Maximiano Errázuriz fueron parte de los tropiezos. Tuvo, además, una descarnada guerra con el periódico La Región, por entonces de marcada tendencia derechista.

Aunque la última edición que se conserva en las colecciones de la Biblioteca Nacional data del 30 de agosto de 1973, El Guerrillero siguió circulando hasta los días previos del golpe militar del 11 de septiembre de ese año. Aquel día, Archibaldo se enteró tempranamente de los sucesos en Santiago y Valparaíso, y decide huir. Su casa fue allanada y su familia vejada. Algunos días después decide regresar al hogar, y ante la insistencia de sus hijas se dirige a Santiago, donde se refugia en casa de una amiga. Al mediodía del viernes 28 de septiembre, mientras el intendente militar Hernán Brantes decía en conferencia de prensa que Archibaldo Morales no era “buscado en forma especial. Solo hay encargo de detenerlo en el caso que alguna patrulla militar se tope con él”, detectives de la Prefectura Móvil de Investigaciones del Área 15 hicieron ingreso al departamento en que se refugiaba el comunicador sanfernandino para proceder a su detención. No opuso resistencia. Los policías civiles lo embarcaron en un furgón con fuerte resguardo policial con destino a San Fernando, lugar al que llegó al día siguiente a las 13 horas, quedando a disposición del Servicio de Investigaciones local, donde prestó sus primeras declaraciones. Aquel sábado el interdiario La Región no dejó pasar la oportunidad para calificarlo como un “calumniador” y “amoral”. La portada de aquel día llevaba como título principal: “¡Capturado! Chito Morales”.

Última edición sobreviviente de El Guerrillero, 30 de agosto de 1973

Pasaban las semanas y Morales se mantenía cautivo en dependencias del Regimiento Colchagua. Sobre su estadía allí, José Fuenzalida, hermano del antiguo colaborador de El Guerrillero Alfonso Fuenzalida, comenta: “Hay personas que estuvieron en la cárcel, y están vivos, estuvieron con el ‘Chito’ Morales ahí, y él les avivó la cueca hasta el último, estando preso y todo, dándoles el ánimo a todos los que estaban presos. Era sorprendente, estaban detenidos y cagados de la risa. […] Hasta el último ahí nunca bajó los brazos, pero sin pegarle a nadie, alegrándole la situación en que estaban […] Todo el tiempo estaba irradiando, no con los brazos caídos, todo el tiempo alegre y con la frente en alto no más”.

Tras 45 días de encierro, en la mañana del 12 de noviembre de 1973 Chito Morales es llevado a la Fiscalía Militar para ser interrogado. De acuerdo a lo informado por los medios locales, “mientras esperaba la llegada de su abogado comenzó a mostrar síntomas de convulsiones y náuseas, por lo que el médico del Regimiento Colchagua ordenó su inmediato traslado al hospital”, lugar donde se produjo su fallecimiento esa tarde. La causa oficial: paro cardíaco, infarto del miocardio. Los funerales del malogrado comunicador se realizaron el 13 de noviembre a las 15 horas en el cementerio municipal de la ciudad.

Con la muerte de Archibaldo Morales también desapareció para siempre El Guerrillero. La dictadura cambió para siempre las vidas de los integrantes de su familia. Tres de sus hijos se asilaron en el extranjero y solo vuelven a Chile de paso. En todo caso, Ruth Morales considera que es una deuda suya y de sus hermanos no haber retomado el periódico tras el retorno a la democracia en 1990, para continuar las luchas que diera su padre durante tantos años a través de las páginas de El Guerrillero.

Colaboraron en el proceso de investigación de este artículo: Joaquín Alarcón Orrego, Lucas Garrido Fenelli, Nicolás Véliz Pinto y Joaquín Centellas Tapia.

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