Viceparroquia de Pichilemu

De Enciclopedia Colchagüina
Viceparroquia de Pichilemu
Viceparroquia de Pichilemu.jpg
Feligreses saliendo de misa desde el templo viceparroquial en 1935
Localización
Provincia Colchagua
Departamento San Fernando (1923-1928)
Santa Cruz (1928-1953)
Localidad Pichilemu
Dirección Dionisio Acevedo 243
Información religiosa
Culto Iglesia católica
Diócesis Rancagua
Vicepárroco José Miguel Camilo Aguilar (1923-1939)

La viceparroquia de Pichilemu fue una subdivisión de la parroquia de Ciruelos, en la actual comuna de Pichilemu. Fue establecido como consecuencia del crecimiento demográfico y de infraestructura del pueblo de Pichilemu. Existió entre 1923 y 1953, año en que se creó la parroquia de Pichilemu.

Historia

Antecedentes

El territorio de la actual comuna de Pichilemu pertenecía, en la administración religiosa, a la parroquia de Ciruelos, no existiendo en el pueblo de Pichilemu lugares de culto católico. El primer oratorio en la localidad fue el que instaló Miguel Martínez en su residencia en calle Carrera, entre Errázuriz y Aníbal Pinto, que no era más que un rancho de totora, con una campana colgada en un horcón. Más adelante se dijo misa en la vereda embaldosada del actual centro cultural Agustín Ross, por la antigua avenida La Marina; y en la bodega del destruido muelle de Pichilemu, en calle San Antonio.[1]

En 1916 el párroco de Ciruelos Luis Alberto Rivera Baeza adquirió a la sucesión de Dionisio Acevedo un terreno en la calle que lleva su nombre, donde se construiría más tarde la viceparroquia, después parroquia Inmaculada Concepción. El vicario del arzobispado, Miguel Müller, autorizó en 1918 la bendición de una iglesia provisional en ese terreno.[1] En paralelo, alrededor de 1920 el vecino José Miguel Cuevas inició la construcción de una iglesia en avenida Daniel Ortúzar, que llevó por nombre El Carmen, y que fue inaugurada una semana después de la muerte de su edificador por el obispo Rafael Lira Infante.[2]

Creación y elevación a parroquia

A iniciativa del monseñor Emeterio Arratia, fue creada el 23 de junio de 1923 la viceparroquia de Pichilemu, siendo designado el 22 de julio del mismo año como su primer vicepárroco José Miguel Camilo Aguilar, quien llegó al pueblo en 1921 y que se había desempeñado como párroco en Olivar y Alcones.[2]

La construcción de la casa viceparroquial en calle Dionisio Acevedo se inició en agosto de 1923 y fue terminada en el verano del año siguiente.[3] Asimismo, se iniciaron los trámites para la instalación de un cementerio viceparroquial en terrenos donados por Daniel Ortúzar Cuevas y su hermana Cornelia, propietarios de la hacienda San Antonio de Petrel. El camposanto fue inaugurado el 22 de febrero de 1926 por el vicepárroco Camilo.[4]

En mayo de 1924 fue bendecida la primera piedra del templo de la viceparroquia, y al año siguiente fue inaugurado el monumento a María Inmaculada, que fue obsequiada por María Berdeu, esposa del médico Eugenio Díaz Lira. En diciembre de 1925 fue inaugurado un busto del monseñor Emeterio Arratia, que sería destruido más adelante por causa de un terremoto.[4]

El primer vicepárroco, José Miguel Camilo, falleció en 1939, siendo reemplazado por Olegario Laso Prado, quien hizo gestiones para elevar la viceparroquia a la condición de parroquia. Sin embargo, su muerte a causa de corta enfermedad en 1945 frenó sus esfuerzos. El 10 de diciembre de 1953, durante la celebración del Congreso Eucarístico en Pichilemu, el obispo Eduardo Larraín desmembró la parroquia de Ciruelos para crear la parroquia de Pichilemu, nombrando como su párroco a Orozimbo Fuenzalida Fuenzalida.[5]

Referencias

  1. 1,0 1,1 Grez-Cañete, Diego (2017). Crónicas de Pichilemu. Pichilemu: El Marino. p. 173. 
  2. 2,0 2,1 Grez-Cañete, Diego (2017). Crónicas de Pichilemu. Pichilemu: El Marino. p. 173-174. 
  3. Grez-Cañete, Diego (2017). Crónicas de Pichilemu. Pichilemu: El Marino. p. 174. 
  4. 4,0 4,1 Grez-Cañete, Diego (2017). Crónicas de Pichilemu. Pichilemu: El Marino. p. 177. 
  5. Grez-Cañete, Diego (2017). Crónicas de Pichilemu. Pichilemu: El Marino. p. 178-179.